ESCUDO DE ARMAS
La costumbre de concesión de escudo de armas a las ciudades y villas en el continente es inaugurada precisamente con la concesión de éstas a la Isla Española en el año 1508. Con esta concesión se premiaba alguna heroicidad, algún motivo que imprimiese dignidad y calidad noble a dichas ciudades a las que se les concedía. Estas concesiones se solían hacer previa petición de los vecinos de las mismas o de una o más personas en particular; tal es el caso de la Villa de Santiago.
Diplomáticamente el contenido y la forma de concesión de dichas armas solía ser la Real Cédula que constaba de una institulación del monarca que las concedía, en éste nuestro caso de Doña Juana I de Castilla.
En el privilegio de Concesión de Armas de las Villas dela Española, Santiago viene enunciada en cuarto lugar. Recibió de los Reyes Católicos en 1508 (el 7 de diciembre) el privilegio de la Orden Militar, expresada en el Escudo de Armas cuya real descripción era:
“A la Villa de Santiago un escudo colorado con cinco veneras blancas con una orla blanca y en ellas siete veneras coloradas”.
El grabado representa las cinco veneras, dispuestas en sotuer y los siete restantes cargando la bordura. El escudo viene montado sobre una especie de panoplia, coronado con una clase de hojas que quieren ser de laurel.
Las armas, acerca de las cuales se aclara que fueron recabadas –no por el entonces gobernador de la Española Nicolás de Ovando- sino por los precursores Diego de Nicuesa y Antonio Serrano – el bachiller- fueron dadas conjuntamente con las que la Corona otorgó a la isla Española y a la Villa de Santo Domingo.
Las veneras a que se alude, son las conchas de un molusco de dos valvas que los peregrinos usaron para hacer simbolizar todo lo concerniente al Apóstol Santiago porque fue encontrado en las cercanías de su sepulcro.
En el regreso, los peregrinos traían dichas conchas hasta cosidas a la ropa como símbolo jacobeo (santiaguista).
Pero el nombre “Venera” se origina en Venus, la diosa mitológica griega (Venus segunda), quien según mitología, fue conducida hasta la isla de Chipre en una concha de nácar sobre las olas del mar, de cuyas espumas había nacido cuando cayó la sangre de Saturno sobre ellas al ser mutilado por su hijo Júpiter.
La ciudad de Santiago ostentó su escudo como blasón, y aunque por algún tiempo se usó con dos veneras blancas en el corazón, en lugar de cinco, los historiadores encontraron que había sufrido pocas variaciones y puede decirse que es una de las que mejor y más fiel representación plástica ha tenido a lo largo del tiempo.
Las veneras debieron ser doce, porque doce eran los apóstoles de Jesús y se dice que también porque la orden Santiago fue creado por doce.
El color, aparentemente dorado, es el correspondiente al plata heráldico, esto es color plata vieja. Se ha dado dicha tonalidad en vez de los acostumbrados grises metálicos y brillantes por ser éste más correcto.
La disposición de las veneras (símbolos del Apóstol Santiago) del escudo en sotuer (o en palo) es la más usual y tradicionalmente usada en las armerías españolas para distribuir piezas impares. Asimismo el reparto de las veneras de la Orta es el más usual (cuando hay timbre, como en este caso), existiendo, además, testimonio gráfico de su distribución en épocas relativamente cercanas a la concesión del Privilegio.
La Corona Real que lleva por timbre tiene su justificación, tanto en la costumbre de la época, como en la naturaleza diplomática del documento. Los Reyes distinguían con su timbre propio aquellas fundaciones creadas por iniciativa real, a las cuales concedían una serie de privilegios y protecciones. El tratamiento utilizado con las Villas de La Española así lo demuestra y justifica, al igual que la presencia de la corona real en testimonios gráficos de diferentes épocas en que aparecen los escudos de armas del Privilegio, presididos por una gran corona, señal de realeza y abolengo.
Es un legado que debe enorgullecernos el que fuera nuestra isla y a estas primeras ciudades a las cuales la realeza española blasonara hace más de cinco siglos y por primera vez en tierra del nuevo mundo con distinciones heráldicas. Son símbolos que nos recuerdan un pasado de luz y que se opacó con las migraciones a otras tierras recién descubiertas.
Las armas heráldicas vigentes en períodos anteriores, constituyen parte de la riqueza de una vieja tradición universal por la simbología gráfica de la que nuestro escudo nacional es el más actual y significante ejemplo dominicano.








